De Nuadibú a Nouamghar

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Trayecto de Nuadibú a Nouamghar

Habíamos resuelto los problemas que nos habían surgido por el accidente de Ico de forma satisfactoria… excepto para el cuerpo serrano de Ico, obviamente, que parecía un cuadro de Miró con tanta venda y mercromina. Mientras nosotros viajábamos por tierra hasta Nouakchott, el lo haría en avión. Decidió ahorrarse la parte del desierto, y reunirse con nosotros en la capital, viajando en la moto de Adán de paquete hasta el sur de Senegal ¡Olé sus machos! Después de un accidente así, yo no querría ver una moto en decenios.

Dando los últimos retoques antes de salir

Dando los últimos retoques antes de salir

Nos reunimos al amanecer con los guías que nos iban a llevar a través del Banc D’Arguin hasta Nouamghar, donde dormiríamos esperando la bajamar, para seguir por la playa hasta Nouakchott. Cargamos nuestros bártulos en la pick-up, nos despedimos de Ico con mucha pena, sintiendo mucho que no pudiera hacer esa parte de la ruta con nosotros, y salimos a escape detrás de nuestros guías. Debo aclarar, que no estábamos muy seguros de si eran guías o salteadores de caminos. Un buen amigo que ha hecho esta ruta incontables veces, asegura que dentro de cada mauritano, siempre hay un salteador intentando salir.

La salida de Nuadibú

La salida de Nuadibú

Una vez abandonada la península de Nuadibú, los primeros 70 km. transcurrían por el desierto. Un desierto de piedra y tierra endurecida, como el corazón de un recaudador de impuestos, con algunas zonas de arena y dunas, y unas cuantas acacias diseminadas por aquí y por allá. Sorteábamos las acacias  como si fueran nuestras suegras, por el peligro que suponían las espinas diseminadas a su alrededor, capaces de pinchar un neumático má. En muchas ocasiones, cuando veíamos que había suficiente terreno por delante y la dirección era inequívoca, adelantábamos a la pick-up y nos pegábamos una alegría al cuerpo dándole gas a tope a las motos. En ocasiones mi vetusta cabra llegaba a los 150 km/h.

Un solitario colmado en mitad del desierto

Un solitario colmado en mitad del desierto. ¡A comprar chuches!

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Una de las motos siguiendo a la pick-up por el desierto

Habíamos hablado, antes de iniciar la marcha, acerca de la presión adecuada que necesitarían los neumáticos. Yo, con la aquiescencia de Miguel, defendía y opté por poner bastante presión en las ruedas. Las zonas de arena iban a ser escasas y, con el terreno duro y con tantas piedras puntiagudas sueltas y espinas de acacia, las posibilidades de pinchar con poca presión eran muy altas. Al coñazo que representa cambiar una cámara en mitad del desierto, le unes que se pierde muchísimo tiempo. Prefiero no ir tan fino en las zonas de arena, a cambio de asegurar no tener pinchazos.

Miguel tragando kilómetros y polvo

Miguel tragando kilómetros y polvo

Dicho y hecho… a las dos horas de haber salido de Nuadibú, Adán, que iba con poca presión, pinchó. Cambiar la cámara de la rueda trasera fue un poema y además perdimos un montón de tiempo. El que acierte a inventar una alternativa a los clásicos desmontables, a buen seguro se va a forrar. Vaya coñazo que son.

Arreglando el pinchazo

Arreglando el pinchazo

Después del traspiés, iniciamos la marcha llegando al poco tiempo a Ten Alloul, el poblacho que sirve de entrada al parque natural. Ahí pagamos la cuota de entrada, que al estar el parque administrado por la Unesco, creo que va destinada a buenas manos, y nos lanzamos a recorrerlo.

El parque natural de Banc D’Arguin está situado en mitad del desierto del Sahara, pero su morfología es muy particular. Declarado Patrimonio de la Humanidad por las Unesco, es un área de costa que rodea una extensa bahía abierta, con gran cantidad de terreno pantanoso, zonas de lodo y barro y salares. Lo íbamos a recorrer de cabo a rabo, unos 65 km. Yo ya había viajado por ahí unos años antes, por lo que sabía que encerraba algunas trampas en las que no era complicado caer si no prestabas atención al terreno.

Entrada a Ten Alloul

Entrada a Ten Alloul

Los salares eran los más complicados, porque en algunos sitios la capa de sal endurecida era extremadamente delgada, y podías hundirte hasta las trancas en el barro que había debajo si esta se rompía. Solíamos desplazarnos por la periferia, intentando no penetrar demasiado en el interior.

 

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Un descanso para beber un poco de agua

 

Había más arena, aunque bastante compactada por lo que podíamos seguir manteniendo una marcha relativamente rápida.

Resultaban impresionantes los enormes depósitos de conchas que se sucedían por el camino. Algunos tenían decenas de metros de altura y varios kilómetros de longitud. Enormes colinas compuestas únicamente de conchas vacías, inmensos cementerios que me recordaban a las carcazas vacías de los barcos que habíamos visto en Nuadibú.

Tras varias horas de marcha sin excesivas complicaciones, al caer la tarde llegamos a Nouamghar, un pequeño poblado pesquero en el extremo sur del parque. Ahí nos despedimos de los guías y, tras negociar con unos lugareños, conseguimos alquilar un pequeño cobertizo en el que pasar la noche, a la espera de la hora en la que se produciría la bajamar. El cobertizo, con lo cansados que estábamos, nos pareció un hotel de 5 estrellas.

Celebrando la llegada a Nouamghar

Celebrando la llegada a Nouamghar

Desde Nouamghar hasta Nouakchott el camino discurre por entero por una playa. Es obligatorio salir justo en el momento en el que la bajamar coincida con que haya luz, porque si te pilla la subida de la marea antes de llegar a tu destino, es imposible seguir. Si, por ejemplo, amanece a las 6 de la mañana y la bajamar ha sido a las 3 de la mañana, solo tienes 3 horas para hacer la pista. Si no puedes continuar la ruta, deberás esperar obligatoriamente a la siguiente bajamar, que sería a las 6 de la tarde. Y si el coeficiente de marea (diferencia de altura entre las consecutivas pleamares y bajamares) es muy bajo la cosa se embrolla aún más. En las motos las zonas con obstáculos, como rocas o entrantes del mar, son más fáciles de sortear, pero en un vehículo de 4 ruedas, puedes llegar a complicarte la vida si te entretienes mucho por el camino. A pesar de ser tan solo 150 km., hay que sortear varias zonas difíciles y a veces las 6 horas entre mareas, se hacen escasas. En una ocasión, yendo con un camión, llegamos a Nouakchott discurriendo con las dos ruedas de la derecha sumergidas en el mar.

Descansando de la jornada antes de dormir

Descansando de la jornada antes de dormir

Consultamos la tabla de las mareas y tuvimos bastante suerte. La bajamar se producía una hora después de amanecer y el coeficiente de marea era bastante alto… El día siguiente prometía ser muy divertido.

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