En el cementerio parisino de Père Lachaise, se encuentra la tumba de Victor Noir. La lápida representa al protagonista de nuestra historia, momentos después de ser asesinado por el príncipe Pierre Bonaparte, sobrino del Emperador Napoleón III, el 11 de enero de 1870. Nadie sabe porqué Jules Dalou, el autor del bronce a tamaño natural que corona la lápida, representó al periodista Victor Noir con una entrepierna tan abultada y protuberante, pero el caso es que este detalle ha provocado que la tumba sea una de las más visitadas de todo el cementerio. La leyenda, al parecer inventada por algún avispado guía turístico, dice que si la mujer que deposita una flor en el sombrero del caído, besa sus labios y roza ligeramente el bulto de la entrepierna, tiene asegurada la fertilidad, una vida sexual más plena e incluso, en algunos casos, conseguir el hombre de su vida. La consecuencia es que tanto la entrepierna del periodista, como sus labios, están bruñidos y abrillantados como si los hubieran pulido. Como curiosidad, añadiré que el auténtico Victor Noir no era un tipo tan atractivo como le representan en la idealizada escultura. Pero eso mejor que no lo sepan las chicas que, después de rozar su entrepierna, tienen sueños tumultuosos con el señor Noir quien, a buen seguro, en su vida no imaginó tener tanto éxito con las féminas después de muerto.

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