Seguramente este verano, algunos os desplazaréis a pasar unos días a Menorca. Una isla preciosa, llena de encantadores y pequeñas calas y coquetos pueblos, con una morfología muy particular, además de por su propio estado insular, que siempre otorga a estas poblaciones una especial diferenciación,  por la influencia que la marca de las sucesivas ocupaciones inglesas han dejado en la isla.

Para que veáis el tamaño del bicho

Pero la entrada de hoy no va de calas, ni pueblos singulares ni ocupaciones del pérfido inglés…. hoy quiero hablar de cañones. Aunque algunos no lo crean, hay un gran segmento de población que se siente atraído por todas las antiguallas militares que hay desperdigadas por nuestro mundo. Y no solo espectaculares castillos, fortalezas o museos, también por restos de conflictos, recreaciones de batallas o cañones y material de guerra casi siempre olvidado y oxidado que han sido abandonado a su suerte en cualquier lugar remoto. Ver esos monstruos, que un día infundieron pavor y respeto, cubiertos de orín y medio tapados por las zarzas, a mi me conmueve profundamente. Que fueron y a lo que han llegado. Son como esas viejas estrellas de cine que no se resisten a envejecer y tapan sus arrugas con una gruesa capa de maquillaje y carmín, tiñendo torpemente sus canas.

Si Freud lo pilla…

Para ser justos, los cañones de los que hablo, no están abandonados, ni herrumbrosos ni deteriorados. Todo lo contrario, se encuentran en bastante buen estado de instrucción, lo que hace que su visita sea bastante curiosa e interesante. Sobre todo con niños…. y no tan niños.

Sección de la pieza

Una de las principales atracciones de Mahón, es la imponente fortaleza de Isabel II. Una construcción impresionante en La Mola de Menorca, visita obligada para todos aquellos que se sientan atraídos por los monumentos antiguos y dispongan de un poco de tiempo para descansar el alma y el cuerpo entre copas, calas y comidas. Mucha gente no pasa del edificio principal de la inmensa fortaleza y se queda sin ver las imponentes piezas de artillería que hay situadas en la punta.

Probando el camuflaje

A finales de los años 20, el gobierno español compró a Inglaterra una serie de piezas navales de gran calibre para la defensa costera. Estas piezas se montaban habitualmente a bordo de buques, pero dado que en esos momentos en España no había barcos de tal porte, los cañones fueron destinados en su totalidad a instalarse en fortalezas costeras.De los 6 que se instalaron en Menorca, dos fueron destinados a la defensa de La Mola, uno de los cuales podemos admirar ahora. Su estado de conservación es excelente, pudiendo visitar el interior, todos los mecanismos de carga, los polvorines, etc.

Más colgado….

El calibre del arma de 361/45, lo que quiere decir que disparaba proyectiles de 38,1 centímetros de grosor de acero perforante de hasta 885 Kilogramos con una carga de 18 kg de TNT y hasta una distancia de 35 km. El conjunto pesa 88 toneladas y la longitud del tubo de 17,6 m. Este cañón realizó su último disparo en 1991.

Lo que no me dejaron hacer a mi

Foto antigua de la dotación del cañón

Los cañones nunca llegaron a entrar en combate, pero no por ello dejaron de producir víctimas. En los años 50 explotó una carga de pólvora, matando a los 20 miembros de la dotación de una de las piezas.

¡Vaya pepino!

El cierre del conjunto

Alrededor de las piezas principales, se conservan otros cañones de menor calibre.

Una pieza de artillería ligera

Cañón de los pequeñitos

Fortaleza de La Mola. Menorca

Otros cañones  Vickers 361/45 en España

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