A la puerta de un edificio público con un gran jardín hay una familia completa. Viven ahí. En mitad del centro de Bombay. Rodeados del caos circulatorio y el contraste de opulentos edificios con vetustos vehículos y vacas deambulando en completa libertad por las calles. Han fijado su residencia en una amplia zona de la acera. No sé cuanto tiempo llevarán ahí, ni cuanto más durarán, pero, aparentemente, a nadie le importan ni le molestan. Cerca de la entrada del edificio público hay un grupo de policías de guardia, que no parecen estar excesivamente preocupados por los nuevos vecinos que tiene el objeto de su custodia. La familia se compone de varios niños pequeños, un hombre y una mujer aún jóvenes y una señora mayor que aparenta ser la abuela. Llevan consigo todas sus pertenencias, algo por otra parte bastante sencillo, ya que estas se reducen a a un par de viejas bicicletas, esteras para dormir y una caja de cartón con utensilios para cocinar. La chica, como ocurre entre las gentes humildes de la India, es la única de la familia que va vestida con cierto decoro. El resto, o van desnudos o cubiertos con harapos de color indefinido que, a fuerza de desgarros y costurones, han perdido su forma original, de tal manera que es difícil, en algunas ocasiones, distinguir un pantalón de unos calzoncillos o una camisa de un jersey.

Es la ciudad más poblada de la India, y la cuarta ciudad más poblada del mundo, con una población de aproximadamente 14.475.568 habitantes3 , la Región Metropolitana de
Bombay (que agrupa a Kalyan, Bhiwandi, Virar, Vasai y Panvel) junto con las zonas urbanas vecinas de de Navi Mumbai y Thane es la cuarta más grande del mundo con una población calculada de 21.255.000 de habitantes. Una gran parte de esta población vive en la más extrema de las pobrezas y viven en chabolas o en la calle.

La chica cierra sobre su cabeza las palmas de las manos y comienza a frotarlas dejando caer sobre su pelo alguna substancia que no alcanzo a reconocer en la distancia. A continuación, lentamente, con una exquisita delicadeza pero al mismo tiempo con energía, comienza a esponjarlo y desenredarlo con sus finos y largos dedos. Una hermosa cabellera brillantemente obscura, casi azul de tan negra como es, fuerte, espesa, que parece querer expresar a los que la estamos observando la vitalidad y las ganas de vivir y de luchar que, a pesar de la pobreza y el desarraigo, anidan dentro de ella.
Los cabellos de la gente enferma o en un intenso estado de debilidad son un reflejo de los problemas por los que estas personas están pasando y aparecen mustios, ralos o sin vida. Es posible que el pelo pueda expresar el estado espiritual, la fuerza interior de una persona. Pocas veces, en el mundo desarrollado en el que vivo, he podido observar un cabello que destilara tanta energía como el que vi un día paseando por las calles de Bombay.

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