De Nouamghar a Nouakchott no hay pista, el recorrido discurre íntegramente a través de una inmensa playa.

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La noche en el chamizo que nos dejaron en Nouamghar resultó bastante confortable para lo que era; un chamizo de hojalata con unas alfombras extendidas por el suelo, con 3 conductores de moto agotados y apestosos tirados por el suelo de cualquier manera. Reconozco que podía haber sido peor, a Dios gracias no teníamos una televisión sintonizada con programación española.

Chamizo en el que dormimos en Nouamghar

Chamizo en el que dormimos en Nouamghar

Nos levantamos un poco antes del amanecer, y revisamos las “burras” antes de la travesía, no fuera que alguna cosa nos fallara y nos dejara tirados en medio de la playa.

Cargamos los equipajes, que nos había llevado hasta ahí la pick-up, llenamos los depósitos con la gasolina de los bidones plegables, y salimos a escape camino de Nouakchott.

Nada más salir del poblado, nos encontramos unos chacales que estaban comiendo los restos de algún gran pez que había dejado la marea. Era un buen comienzo que nos hizo sentir más cerca de la naturaleza. Pensé que si tenía un accidente y me rompía la crisma, prefería ser devorado por unos chacales, que yacer en el aburrido nicho de un cementerio de provincias.

Arena y más arena por delante

Arena y más arena por delante

La distancia de Nouamghar a Nouakchott por la playa es de algo más de 200 km. Hay tramos rectos y despejados que se hacen a toda pastilla, mientras que en otros la marcha se ralentiza, debiendo bajar considerablemente el ritmo. Zonas con rocas que hay que sortear con cuidado, áreas en las que las dunas llegan casi hasta la misma orilla, cauces de oueds secos en los que el suelo cambia por completo y que hay que negociar, entrantes de la mar y pequeñas bahías, etc.

Cuando lo recorres en moto, si respetas los horarios de mareas y no te entretienes mucho por el camino, no sueles tener problema alguno, pero en vehículos más pesados tienes que apurar bastante. En una ocasión recorrí el camino con un camión y llegamos a Nouakchott de milagro, con las ruedas del lado derecho circulando por el agua.

Andar por la playa sin obstáculos, con la arena mojada bien consistente, sin vehículos por todos lados, sin límites de velocidad ni señales de tráfico es una gozada. Hay momentos en que nos quitábamos los cascos y nos dejábamos acariciar por la brisa marina mientras corríamos por la playa como si nuestro viaje no tuviera fin, como si nuestro fin fuera solo correr y disfrutar de esa inmensa planicie de arena. Ajenos a todo, ausentes de todo… solo de disfrutar de la conducción por un lugar tan increíble.

En plan "pose" para la posteridad

En plan “pose” para la posteridad

Las anécdotas, dado lo inusual de nuestra ruta, surgieron a decenas, como los amigos después de que te haya tocado la lotería. Lo primero que encontramos fue un pobre delfín muerto varado en la orilla. Al día siguiente los chacales tendrán un buen festín. En lugar de perros o erizos, nuestro camino estaba jalonado de animales marinos. Después del delfín apareció una gran tortuga. Esta por suerte estaba viva, y después de esquivarla nos paramos a admirarla. Volvió plácidamente al mar extrañada, aunque no asustada, por nuestra presencia.

Delfín muerto en la playa

Delfín muerto en la playa

Nuestros siguientes compañeros de viajes fueron más complicados de esquivar. En un largo tramo, aparecieron miles de cangrejos corriendo de forma aleatoria por la arena. Cubrían prácticamente cada palmo de arena. Yo asegurara que eran cientos de miles, pero seguramente, la delegación del gobierno, reduciría la afluencia a unos pocos miles. No había forma de esquivarlos, y tampoco entraban o salían de la mar, simplemente estaban ahí deambulando de un lado para otro. Tras esperar un rato para ver si se despejaba el camino, optamos por seguir a través de la maraña de crustáceos. Cada vez que pasaba por encima de uno se oía un “chof” al aplastar el caparazón. Más que darnos pena, lo que sentimos mucho fue no parar a darnos un homenaje con esos primos trashumantes de las nécoras.

Uno de los cangrejos kamikazes

Uno de los cangrejos kamikazes

A mitad de camino surgió, en mitad de la playa, una señal de tráfico. Como el horizonte estaba muy despejado y la recta era larguísima, la señal se veía desde bastante lejos. Yo ya había pasado anteriormente por ahí y me conocía la historia de la señal, pero mis compañeros de viaje estaban alucinados, creían que era la acción de un bromista. Pues nada de broma, la señal estaba ahí con plena justificación y para servir de ayuda a los sufridos conductores. Tras una larga zona recta, de varios kilómetros, hay un brusco entrante de la mar en la costa, que forma una pequeña ensenada. Más de uno se ha descuidado al volante, después de la larga recta por la playa, y ha acabado entrando a toda pastilla con el vehículo en el agua. De ahí la señal de curva peligrosa. Unos cachondos los responsables de tráfico de Mauritania. De hecho, durante el anterior viaje, nos topamos con un Land Rover de unos holandeses, que permanecía sumergido en el agua desde un par de meses atrás.

La señal de curva peligrosa en mitad de la playa

La señal de curva peligrosa en mitad de la playa

Después de sortear el “peligro” seguimos por la playa durante todo el día. Tuvimos que efectuar algún que otro adelantamiento arriesgado a los barcos varados y abandonados en la orilla, como en el cementerio de buques de Nuadibú, además de encontrarnos a la entrada de Nouakchott un atasco de barcas de pesca de narices. Entrar en la urbe por la playa, resultó un choque interesante y uno de los momentos del viaje en los que acabar la ruta no resultó una alegría y un descanso. Indicamos a un taxi la dirección de un francés que vivía en la ciudad y que albergaba viajeros de forma ocasional, y dimos por concluida nuestra aventura playera mientras en mi cabeza seguía sonando la canción de los Beach boys que mentalmente me había acompañado durante gran parte del trayecto.

Barco varado en un poblado cerca de Nouakchott

Barco varado en un poblado cerca de Nouakchott

A pesar de que ya está construía la carretera entre Nuadibú y Nouakchott, hacer el trayecto de Nuadibú a Nouamghar por el Banc D’Arguin y de Nouamghar a Nouakchott por la playa, si vas en moto o en 4×4, es una experiencia única, que merece la pena disfrutar y de la que vas a acordarte toda tu vida. Ver amanecer mientras conduces, con la dunas a un lado, la inmensidad del mar en el otro y kilómetros de soledad por delante, es algo indescriptible que tenéis que experimentar.

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