Llevábamos unas horas deambulando de garito en garito intentando descifrar los secretos de la noche de Bamako. Eran los últimos días del viaje y teníamos la intención de oír un poco de buena música y despedirnos de Malí con una sonora borrachera. Tras un mes recorriendo África a bordo de un camión, ahítos de comidas improvisadas, acampadas al aire libre y caminos polvorientos, no nos vendría mal un poco de juerga como medio de aclimatarnos a la civilización a la que en breve debíamos volver. Al igual que en el resto del África negra, en Malí la música es uno de los instrumentos mas poderosos de expresión. Los músicos malienses quizás no tengan la fama de sus vecinos los senegaleses, pero con nombres tan notables como Saif Keita o Amadou & Mariam, por citar solo algunos de los mas conocidos, no tienen nada que envidiarles en cuanto a calidad musical. En Senegal la música se vive de una forma mas abierta, mas intensa. En ciudades como Saint Louis, al norte del país, te encuentras frecuentemente con conciertos improvisados y tiendas de música llenas de discos editados por pequeñas discográficas artesanales. Es habitual que te inviten a veladas musicales en casas particulares. En Malí el ambiente es muy diferente. Aparentemente no existe esa misma cultura musical, o al menos no la percibes a primera vista. No ves gente tocando por las calles, y los locales en los que se hace música no son tan fáciles de localizar como en Senegal. En Malí la tradición musical, al igual que en muchos otros países del Africa negra, deriva de los “griots” o portadores de música. Es una figura parecida a nuestros antiguos juglares, que difunden la historia y tradiciones de la tribu en zonas en las que la comprensión del lenguaje escrito esta, únicamente, al alcance de una minoría. Y aunque no sea tan visible, la música maliense es notable. Bamako cuenta con gran cantidad de locales con música en vivo, y el ambiente nocturno es animado.
Nuestros compañeros de viaje habían seguido camino hacia el país Loby en Burkina Faso, mientras que Sergio y yo nos habíamos quedado en Bamako a esperar el vuelo que unos días después nos llevaría de vuelta a España. José, el gran conocedor del país, era uno de los que se había marchado, y habíamos olvidado pedirle que nos indicara algún buen sitio para pasar nuestras ultimas noches en el Africa negra. En Bamako no hay mucho turismo ni demasiados extranjeros. Obtener indicaciones para ir a un autentico local de música maliense no es tan sencillo cuando no conoces a nadie. Los extranjeros residentes en la ciudad, así como los libaneses e indios que manejan el comercio, suelen ir a locales de alterne y no se interesan excesivamente por los ambientes genuinamente africanos.

Esa noche, sin demasiada información acerca de locales concretos donde hubiera buena música, salimos a la aventura. Tampoco nos inquietaba mucho. No siempre me gusta ir a un lugar con un montón de información previa en el morral. Hay situaciones en las que es mas excitante improvisar y dejarte llevar por el instinto y por lo que la calle te va dictando. Es posible que no des nunca con algunos de los monumentos, los rincones o los locales mas emblemáticos, pero a buen seguro que descubrirás otros muy especiales. Encontraras pequeñas sorpresas por tu cuenta, que, posiblemente, te satisfarán mas que si las hubieras hallado mediante un recorrido previamente programado.
El recepcionista del hotel nos indicó el barrio al que teníamos que ir para encontrar ambiente nocturno. Antes de adentrarnos en la vorágine, cenamos correctamente en un pequeño restaurante de comida local. A la salida, cada vez que preguntábamos a alguien por locales de música en vivo nos mandaba a lugares frecuentados por la comunidad extranjera. Lugares de moda llenos de blancos, indios, libaneses y algún que otro africano negro adinerado, y plagados de chicas estupendas a la caza de posibles clientes. Deambulamos sin parar por oscuras calles sin encontrar nada que nos convenciera. De vez en cuando parábamos en alguna tasca a tomar una cerveza y mitigar la sed que nos causaba nuestro nomadeo.
Tras haber desgastado casi un centímetro de suela de los zapatos, encontramos un local al aire libre, bastante grande y en el que había un buen grupo tocando. Como la mayor parte de los sitios con los que habíamos dado, estaba frecuentado por extranjeros y chicas africanas en busca de un buen partido ocasional que mitigara su penuria económica, pero nos acomodamos ya que estábamos fatigados. Ademas había bastante gente joven maliense compartiendo la diversión con los blancos y las meretrices sin demasiados problemas. Los músicos eran animados, el ambiente alegre y la cerveza corría como si el mundo se acabara al día siguiente. ¿Que mas podían ansiar un par de cansados exploradores? Grupos mixtos de chicos y chicas jóvenes se divertían bailando y coqueteando. Encontramos una mesa libre cerca de la pista y pedimos unas cervezas. Enseguida se nos acercaron unas chicas para ver que podían sacar de nosotros. Las despaché educadamente. No estábamos muy dispuestos a pasar la velada con unas chicas de pago. Charlamos entre nosotros durante un buen rato mientras las cervezas iban cayendo poco a poco. En los países africanos es mejor centrarse en la cerveza cuando uno se va de juerga. No es fácil encontrar alcohol de mas graduación y, cuando lo encuentras, su precio es prohibitivo. Ademas los hielos, otro genero escaso, están hechos con agua corriente del lugar y los efectos en nuestro sistema digestivo pueden llegar a ser devastadores. La mayor parte de las chicas que presumíamos que no eran prostitutas, estaban acompañadas por sus novios o mezcladas con pandillas de amigos. No es que supiéramos con absoluta seguridad que unas lo eran y otras no, ya que su aspecto y vestimenta era similar, pero lo deducíamos porque las profesionales no perdían el tiempo y procuraban acercarse a algún blanco con el que poder desempeñar su trabajo. Ante todo he de decir que, la mayor parte de las prostitutas que habíamos visto no tenían un aspecto innegable de serlo. Por aquí, las chicas que se dedican a estos menesteres no suelen ser profesionales a tiempo completo. Muchas chicas con trabajo, que suele ser precario y mal pagado, y aún muchas mas que no lo tienen y que suelen ayudar a su familia en los quehaceres caseros, complementan sus ingresos acostandose ocasionalmente con extranjeros. A veces consiguen que alguno se encapriche con ellas y las mantenga durante una larga temporada, mientras mantienen abierta la esperanza de que su relación sea algo mas que un capricho pasajero y el occidental se las acabe llevando con el a su país de origen. El oficio mas viejo del mundo no va indefectiblemente ligado a la pobreza, pero ahí donde esta impera, es un mal endémico.
Tras un tiempo sin conseguir resultado alguno con chicas sin suplemento económico, decidimos  admitir un pequeño recargo y cambiar unas cervezas por un poco de conversación femenina. Al igual que con el asunto de los locales de música, acabamos abriendo nuestro abanico de posibilidades. Nuestra fe en la victoria final era innegable, pero el camino era tortuoso y enrevesado, y lleno de peligros y tentaciones. Todo era por no quedarse toda la noche charlando y bebiendo solos, sobre todo después de haber compartido casi un mes de conversaciones por los caminos de Africa. Después de habernos pasado parte de la noche rechazado a un montón de chicas, decidimos ser nosotros los que las eligiéramos. Abordamos a unas bastante monas y que parecían agradables. Las invitamos a unas cervezas y bailamos un rato con ellas. La conversación resulto algo kafkiana. El bueno de Sergio no dominaba ninguna otra lengua que no fuera su castellano natal mientras que mi francés es decididamente precario. A los hercúleos esfuerzos por mantener una conversación entendible y coherente con la chica que se había sentado conmigo, tenia que sumar el hacer de traductor a Sergio con la suya. Supongo que a ellas les daba absolutamente igual, ya que su finalidad, obviamente, no era hablar. Por contra esa era justamente la nuestra. Al cabo de un tiempo, y al ver que no iban a sacar nada claro de nosotros, acabaron por claudicar y nos dejaron plantados. No estuvimos solos por mucho tiempo. Casi de inmediato tomaron el relevo otro grupo mas fresco decididas a tener mejor fortuna que sus colegas. Sorprendentemente una de ellas hablaba ingles. Enseguida nos enfrascamos en una conversación mas interesante que la que pobremente había podido hilvanar con su antecesora en el oficioso cargo de acompañante del blanco de la mesa 7. Le dije a Sergio que se arreglara sin mi e intentara hablar por señas. O mejor, que la hablase directamente en español. No creía que ella se ofendiera ni le dejara plantado por un detalle tan nimio.
Mi acompañante era de Camerún. De ahí que hablara inglés en lugar del francés habitual entre los malienses. Malí estuvo colonizada por los franceses, siendo actualmente su lengua franca y administrativa el francés. Camerún fue originalmente la colonia alemana de Kamerun, hasta que los británicos y franceses se la arrebataron en la primera guerra mundial. A partir de entonces, en la mayor parte del territorio, se utilizó el idioma de sus nuevos amos, quedando, tras acceder a la independencia, el inglés como lengua común. La mayor parte de estos países están compuestos por una multitud de etnias, cada una con una lengua diferente. El hecho de que conserven los idiomas de sus antiguos colonizadores, tiene la finalidad de utilizar esta como lengua franca, y así que ninguno de los idiomas o dialectos locales prevalezca sobre otro, pudiendo dar lugar a tensiones ínterétnicas. Tampoco es que yo tenga un excelente dominio del idioma de la Pérfida Albión, pero si el suficiente para poder entenderme de sobra con gente que lo habla aun peor que yo y que emplea un vocabulario sencillo y con construcciones gramaticales básicas.
Hablamos bastante y le pregunte cosas sobre Camerún, sobre su vida ahí antes de venir a Malí y sobre otros aspectos que me interesaban de los usos y costumbres en su país. Todo esto lo regamos con unas cuantas cervezas que pagué gustosamente, pues a cambio estaba satisfaciendo mi curiosidad. Al cabo de un tiempo ella se empezó a oler que eso iba a ser lo único que iba a lograr satisfacerme, que no íbamos a llegar a mucho mas. Mi resistencia a probar los frutos que me ofrecía se le debía antojar complicada y cambió sutilmente de táctica y de conversación.

– He venido a vivir a Malí porque aquí las mujeres no son tan abiertas y no están tan dispuestas a estar con extranjeros como en mi país. Tengo mas trabajo y menos competencia que en Camerún.

– ¿Y eso porque?
– Bueno, ya sabes, este es un país mucho mas tradicional y con costumbres mas rígidas que los nuestros; que Camerún y España.- Supongo que no debía de tener ni la mas mínima idea de donde estaba y como era España, pero al unirlos intentaba crear una corriente de empatía-
– Si, este es un país mas cerrado. Hay muy poco turismo y, al estar lejos del mar, no tiene demasiado contacto con otros países y por tanto su gente no conoce otras costumbres.
– Y ya sabes… además esta lo de a religión. Nosotros somos mas afines y tenemos mas coincidencias por eso.
– ¿Ah si?
– Claro, ellos son musulmanes y nosotros somos cristianos. -dijo bajando el volumen de su voz y con una mirada de complicidad, como si me estuviera revelando uno de los misterios de Fátima.
– Bueno si.
Le di la razón para no decepcionarla, pero, sin lugar a dudas, un musulmán de un país africano es bastante mas parecido a un africano cristiano, que a un cristiano blanco. Tampoco quería decepcionarla porque notaba su esfuerzo por crear una afinidad entre ambos, que era el camino para allanar un posible intercambio comercial entre su cuerpo y mi cartera.
– Pues eso, que tenemos muchas cosas en común.
– ¿Como que? -Decidí tirar un poco mas de la lengua para ver hasta donde podían llegar sus razonamientos.
– Pues que ambos somos cristianos y tenemos el mismo Dios.
Verás, creo que estas equivocada. Tu vives en África, eres negra, mujer, con lo que ello conlleva en este continente, pobre y prostituta. Yo soy europeo, blanco, hombre y no tengo problemas de dinero. Es obvio que no podemos tener el mismo Dios. No creo que, en el caso de que Dios existiera, permitiría que se dieran bajo su seno estas terribles desigualdades.

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